Para el terremoto del 27 de febrero del 2010, la norma chilena de diseño sísmico de edificios (NCh 433 of.96 mod. 2009) sufrió una serie de modificaciones. Específicamente, en lo que respecta a la clasificación sísmica de suelos, el día 13 de diciembre de 2011 fue promulgado el decreto supremo Nº 61 (DS61), el cual estableció nuevas categorías y requisitos para llevar a cabo esta tarea. Así, quedó establecido que el diseño sísmico de edificios deberá realizarse de conformidad a las exigencias establecidas en dicho decreto y en lo que no se contraponga con éstas, supletoriamente, por lo establecido en la Norma Técnica NCh 433.

El  terremoto puso de manifiesto que la naturaleza y distribución de los daños que pueden afectar a la infraestructura están influenciados por la respuesta del terreno frente a cargas cíclicas; producto de lo cual produce una modificación de la señal sísmica. Este fenómeno debido a las condiciones geológicas, geotécnicas y topográficas del terreno se conoce como amplificación sísmica y su magnitud está controlada especialmente por las propiedades geotécnicas de los materiales; en específico por sus características dinámicas, así como por el espesor de las capas y la profundidad a la cual se encuentran.

En cuanto a la exploración geotécnica asociada a la clasificación sísmica de suelos, tanto la respuesta sísmica en superficie de un depósito de suelo como la respuesta sísmica de una estructura emplazada en dicho deposito dependen de una serie de factores, entre los que se cuentan: (i) la rigidez de los estratos superiores del terreno de fundación, (ii) el periodo fundamental del depósito de suelo, (iii) el nivel de amortiguamiento desarrollado por los distintos suelos constituyentes del terreno, y (iv) la excitación sísmica propiamente tal. Teniendo en consideración la tecnología disponible a lo largo del país, en el DS61 se ha optado por centrar la clasificación sísmica del terreno en un parámetro de rigidez a bajas deformaciones de los estratos superiores del subsuelo, correspondiente a la velocidad de propagación de ondas de corte promedio de los 30 metros superiores del terreno (Vs30).

El DS61 establece que la velocidad de propagación de ondas de corte puede ser medida por medio de ensayos de tipo DownHole, CrossHole o Sonda de Suspensión; o a partir de mediciones geofísicas de ondas superficiales (Rayleigh), usando métodos como SASW, MASW o ReMi. En estos casos se deben informar las denominadas curvas de dispersión, que entregan la velocidad de propagación de ondas en función de la frecuencia, y los resultados del perfil de velocidades en profundidad para dos mediciones preferentemente ortogonales. Adicionalmente, cuando se utilice el método ReMi se debe incluir una medición con una fuente activa de ubicación conocida. El perfil de velocidades de ondas de corte que caracteriza el terreno corresponderá a aquel que resulte en el caso más desfavorable.

En el artículo N°6 del DS61, tanto la experiencia empírica como la teoría indican que el mejor comportamiento sísmico se ha presentado en terrenos de afloramiento rocoso. Por el contrario, el mayor daño se ha observado en terrenos compuestos por suelos finos blandos. Consecuentemente, la clasificación sísmica del terreno de fundación considera unidades o niveles, que van desde el suelo de mejor comportamiento (Suelo tipo A: Roca o suelo cementado) al de mayor exigencia en términos de demanda sísmica (Suelo tipo E: Suelos de compacidad o consistencia media).